Lima, abril de 2026. Cada 22 de abril, el Día de la Tierra invita a reflexionar sobre nuestra relación con el entorno y la necesidad de adoptar hábitos más sostenibles. En ciudades en constante crecimiento, donde los espacios verdes son cada vez más escasos, reconectar con la naturaleza se vuelve un desafío, pero también una oportunidad.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el entorno urbano está asociado a mayores niveles de estrés, mientras que el contacto con áreas verdes contribuye significativamente al bienestar mental. En ese contexto, los biohuertos se posicionan como una alternativa práctica y accesible, incluso para quienes viven en departamentos o cuentan con espacios reducidos.

Desde su experiencia en comunidades urbanas, Richard Chávez, subgerente de acompañamiento social, señala que no se necesita un gran terreno para empezar. “Hoy es posible transformar balcones, ventanas o pequeños rincones del hogar en espacios productivos, utilizando soluciones verticales o recipientes reciclados que optimizan el uso del espacio”, explica.

Un aspecto clave al iniciar un biohuerto es observar las condiciones del entorno: la cantidad de luz natural, la ventilación y el tiempo disponible para el cuidado. A ello se suma la temporalidad de los cultivos, ya que no todas las plantas crecen igual durante el año. Adaptar lo que se siembra según la estación permite obtener mejores resultados y mantener el biohuerto saludable. Para empezar, se recomienda optar por especies de fácil manejo como hierbabuena, albahaca, lechuga o cebolla china.

Más allá de su aporte en la alimentación, los biohuertos generan beneficios que impactan directamente en la calidad de vida: ayudan a purificar el aire, regulan la temperatura en los espacios y contribuyen a reducir el estrés. Este contacto cotidiano con la naturaleza, incluso en pequeñas dosis, favorece el bienestar emocional y promueve hábitos más conscientes.

“En la práctica, lo que vemos es que las familias se apropian rápidamente de estos espacios. El cuidado de un biohuerto se convierte en un momento de pausa y conexión, algo muy valioso en la dinámica urbana actual”, comenta Chávez.

Desde el enfoque inmobiliario, BESCO también ha incorporado esta tendencia en sus proyectos, implementando biohuertos en áreas comunes diseñadas para ser inclusivas y sostenibles. Estas estructuras se instalan a una altura adecuada para que los adultos mayores puedan participar sin necesidad de agacharse, y además se elevan como medida de protección frente a las “manitos traviesas” de niños y mascotas. De esta manera, se fomenta el uso responsable del espacio compartido y la participación de toda la comunidad.

Incorporar un biohuerto en casa no solo es una práctica sostenible, sino también una forma de reconectar con los ciclos naturales y generar equilibrio en el día a día. En el marco del Día de la Tierra, iniciativas como esta demuestran que pequeñas acciones pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida.

En esa línea, BESCO impulsa su estrategia Besco Sostenible, integrando la sostenibilidad como un eje transversal en su gestión. A través de WASI, su programa de acompañamiento social,promueve la buena convivencia, el uso responsable de las áreas comunes y prácticas como el reciclaje. Estas acciones no solo fortalecen la organización vecinal, sino que también contribuyen a mantener y valorizar los espacios, generando bienestar y valor a largo plazo para las familias. 

Economía circular: cuando los residuos vuelven a ser recursos

El compromiso de BESCO con el medioambiente va más allá del diseño de sus edificios. En 2025, la empresa formalizó su Subcomité de Economía Circular, un espacio interdisciplinario orientado a convertir los residuos de construcción en nuevas oportunidades de valor.

Una de sus iniciativas más destacadas es la alianza con Saint-Gobain y CICLO para el reciclaje de drywall: los recortes de placas de yeso generados en obra —uno de los residuos más comunes en la construcción— son recogidos, procesados y transformados en eco-adoquines. Entre 2024 y 2025, el proyecto gestionó más de 2,600 kg de drywall en el proyecto Parques de San Juan, evitando que este material terminara en rellenos sanitarios.

A ello se suma la recircularidad del acero en alianza con Aceros Arequipa: la merma metálica generada en obra se reintegra como materia prima para nuevos productos siderúrgicos, recuperando hasta el 24% del valor económico del material. La empresa también trabaja con Sika en un sistema de retorno de cilindros de aditivos para su reutilización en la cadena logística del proveedor, reduciendo la generación de envases industriales.

Estos esfuerzos son reconocidos: en 2025, BESCO fue premiada como Mejor Constructora en los Premios R-Evoluciona, distinción otorgada por Comimtel tras la evaluación de más de 1,500 empresas, destacando su compromiso con la gestión responsable de residuos sólidos.

Proyectos que demuestran que la vivienda social puede ser sostenible

BESCO cerró 2025 liderando el ranking nacional de créditos MiVivienda Verde con 722 créditos otorgados, siendo reconocida por el IFC (Banco Mundial) como EDGE Champion, una de las empresas pioneras en asumir el compromiso de certificar al menos el 80% de su nuevo portafolio bajo el estándar EDGE Advanced, que garantiza ahorros mínimos de 40% en energía y 20% en consumo de agua respecto a una edificación convencional, con beneficios directos en la factura mensual de las familias.

En 2025, cuatro proyectos obtuvieron certificación EDGE final, beneficiando a 1,472 familias en distintos distritos de Lima. Además, el Green Building Council Perú reconoció a Las Lomas del Rímac — Urbanización Ecoamigable como Proyecto Sostenible del Año, un desarrollo que integra 2.9 km de ciclovía, más de 13,000 m² de áreas recreativas públicas y conectividad con el transporte urbano.

Como parte de su apuesta por la innovación, BESCO implementó el primer huerto aeropónico en la caseta de ventas del proyecto Nueva Independencia: un sistema de cultivo sin suelo que usa solo el 7% del agua que demanda el riego tradicional, funcionando como punto demostrativo de agricultura urbana eficiente para los futuros residentes. El mismo proyecto incorporó desde su diseño infraestructura habilitada para carga de vehículos eléctricos, anticipándose a la tendencia de electromovilidad que crece a un ritmo del 44% anual en el Perú.

Propietarios que también hacen la diferencia

La sostenibilidad no termina en la entrega de las llaves. A través de WASI, su programa de acompañamiento social, BESCO capacitó en 2025 a 710 familias en 9 condominios sobre convivencia, uso responsable de áreas comunes y prácticas de reciclaje. Las charlas de inducción preparan a los nuevos propietarios para organizarse como comunidad y mantener sus espacios bajo criterios de sostenibilidad desde el primer día.

En esa línea, BESCO impulsa su estrategia Besco Sostenible, integrando la sostenibilidad como un eje transversal en su gestión. Estas acciones no solo fortalecen la organización vecinal, sino que también contribuyen a mantener y valorizar los espacios, generando bienestar y valor a largo plazo para las familias.

En el marco del Día de la Tierra, iniciativas como estas demuestran que pequeñas acciones —desde un biohuerto en el balcón hasta un edificio con certificación verde— pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida y en el futuro de nuestras ciudades.

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